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Si has leído las leyes precedentes a esta sabes que todas están entrelazadas, y por eso es que esta serie de 17 leyes mentales debe ser leída en forma secuencial para tener todo el panorama completo y lograr así una excelente comprensión de los conceptos que éstas nos traen a colación. Ahora estamos con la Cuarta Ley – Ley de la Creencia, que dice lo siguiente:

“Lo que crees creas”

Puede parecer, a primera vista, algo muy simple, pero realmente nos lleva por caminos muy profundos. Lo primero es comprender qué significa “lo que CREES”. ¿A qué hace referencia? Dicho muy superficialmente se está hablando de tus creencias, de todo lo que piensas y sientes acerca de todas las cosas en la vida, en el mundo. Tus creencias son toda tu percepción y tu visión de absolutamente todo lo que conoces junto a la imaginación de lo que no conoces.

Al hablar de creencias hablamos de esas cosas que defiendes a muerte, que si alguien opina lo contrario te enojas, esas cosas de las que no estás dispuesto/a a cambiar de opinión casi bajo ninguna circunstancia. Y esas ideas y visiones del mundo son las que te permiten prosperar o las que te mantienen estancado/a en la vida.

Para que esto no quede en lo superficial, te comparto una pequeña historia ficticia que pondrá a prueba tus creencias y sesgos:

El papá iba conduciendo un auto acompañado de su hijo pequeño en el asiento delantero. Ambos iban muy contentos, hablando de varias cosas. Era un viaje ameno. De un momento a otro ambos sufren un accidente de tránsito fatal, donde el padre muere instantáneamente y el niño queda inconsciente, muy mal herido.

Inmediatamente llegaron las ambulancias y trasladaron al pequeño al hospital más cercano. Los médicos mantenían al niño con vida tanto como podían; sin embargo, se dieron cuenta de que las circunstancias los excedían. Ellos no tenían las herramientas ni el conocimiento suficiente para salvarle la vida a ese niño.

De pronto uno de los médicos recordó que cerca de allí había una eminencia en pediatría, una persona que seguramente era capaz de salvar a este niño. Sin demora llamaron a esta eminencia y le pidieron por favor que acudiera a ver al pequeño.

Al cabo de un rato que pareció eterno, esta persona llegó al hospital y de inmediato se dirigió a revisar al infante. Los médicos del lugar, desesperados ya, le preguntaron: “¿Puede usted salvarlo?”

Casi con una sonrisa en el rostro, esta persona, esta eminencia en medicina pediátrica, contestó: “¿Cómo no lo voy a salvar? Si es mi hijo…”

La gran pregunta aquí es ¿Quién es esa persona que ha venido a revisar al niño? Detén la lectura y piénsalo unos instantes. La respuesta debería llegar de inmediato, pero en la mayoría de los casos no es así, incluso llegan otras respuestas antes que la correcta, o ninguna. Repito, detén la lectura un instante y piensa en lo que acabas de leer para encontrar la respuesta: ¿Quién es esta persona?

Esta historia no es de mi autoría, y de hecho, desconozco a quién la ideó. Es una gran herramienta para demostrar lo que ilustra este artículo. El asunto está en que si no logras encontrar rápidamente la respuesta a esta historia es porque hay activo uno o más sesgos cognitivos, es decir, limitantes que te impiden realizar un razonamiento de una forma objetiva y completa, tendiendo a hacerlo de forma totalmente subjetiva e irracional, sin darte cuenta de ello.

Todos y todas tenemos infinidad de sesgos dependiendo de la crianza, la educación que recibimos, el ámbito social en el que estamos inmersos, el contexto sociocultural, y un sinfín de factores más. Básicamente, como aprendimos a ver el mundo es como tenderemos a verlo casi constantemente. Y esto es lo que justamente nos limita. Lo que crees lo creas en tu realidad porque así la filtras y así actúas en ella. Por tanto, la amplia mayoría de dificultades y conflictos que enfrentas hoy en tu vida son tu creación.

Si yo te hago la siguiente pregunta: ¿Quién, delante de un niño, puede decir ‘es mi hijo’? Hay solo dos personas que podrían decir que un niño o niña es su hijo/a: la madre y el padre (biológicos o adoptivos). Y es justamente eso a lo que apunta la historia anterior: si el papá del niño murió, la única persona que queda que pueda decir “es mi hijo” es la mamá del niño. ¿Y por qué cuesta tanto para muchísimas personas darse cuenta de esto? Porque hemos crecido en una sociedad machista donde indirectamente hemos aprendido a ver a los hombres como eminencias médicas y no a las mujeres. Inconscientemente no podemos concebir a la mamá del niño como eminencia médica porque es mujer. Esto es un sesgo machista, inconsciente, adquirido de la sociedad en que hemos crecido. Conscientemente podrías proclamarte como feminista o como una persona que no distingue entre géneros para hablar de derechos y capacidades, pero si te costó encontrar la respuesta a la historia planteada, en el fondo lo haces sin siquiera darte cuenta.

He ahí el peligro de los sesgos cognitivos: que afectan demasiado y que operan detrás del telón, sin que te des cuenta de que están allí, limitando tu visión del mundo, de la vida, de ti mismo/a, de las demás personas, de las opciones que tienes, etc. Y todo sesgo está sustentado en creencias inconscientes, que están ahí, adquiridas gracias a tu educación, pues resulta que cuando pudiste mirar al mundo y darte cuenta de que estabas ahí ya tenías 4 o 5 años, y toda tu personalidad estaba prácticamente forjada. No pudiste elegir ni como ser, todo fue creado desde fuera.

Por eso es tan importante esta 4ta ley, porque tu vida está determinada por ella. Y recuerda, la 3ra ley te hablaba de que la mayoría de los efectos en tu vida tienen causas internas, no externas. Tú eres quién delimita las barreras de lo que puedes ser y experimentar, el asunto es que es muy difícil trabajar con ellas y ampliarlas, porque requiere esfuerzo y la guía de alguien experto/a: psicólogos, terapeutas, guías espirituales realmente capacitados (y no religiosos), etc.

La primera ley te mencionaba que el control está en ti y que debes aceptar que lo único que puedes controlar en la vida eres tú mismo/a, nada más. El asunto es que ni siquiera intentamos hacer esto, y por tanto el control queda delegado al inconsciente. En este contexto uno entonces opera bajo la segunda ley, la Ley del Azar, que justamente indicaba que si no haces un esfuerzo por controlar tu interior entonces irás como barco a la deriva en la vida, como víctima constante sin saber a dónde te diriges. Esto es mucho más profundo e importante de lo que imaginas.

Hay un sinfín de ejercicios para detectar creencias potenciadoras, limitantes y sesgos cognitivos. Si haces algún curso gratuito con nosotros puedes realizar un test en el cual detectarás 10 creencias irracionales y limitantes en tu vida, determinando cuán activas están en tus procesos mentales. Haz clic aquí si quieres registrarte solo con tu e-mail y tu nombre.

Lo importante entonces es que comiences a mirar hacia adentro y puedas determinar qué parte de ti está autoboicoteando tu progreso y tu sanación. Las leyes mentales no son para ser tomadas a la ligera, sino todo lo contrario, debes tomarlas muy en serio porque están operando constantemente, las aceptes o no, creas en ellas o no.

>> Continúa aquí para ver la Quinta Ley.

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