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Esta ley viene a reafirmar y dar mayor protagonismo a lo que he venido diciendo a lo largo de todo este material: tienes que trabajar en ti mismo/a antes de pretender generar algo en tu mundo exterior. Su enunciado es muy simple:

“Cualquier pensamiento, sea de la naturaleza que sea, puede ser sustituido por otro.”

Literalmente tienes que hacerte cargo de tus pensamientos. Ellos crean y dominan tu vida. Definen lo que grabas en tu mente inconsciente y por tanto crean los hilos con los que el titiritero te controla. Tú mismo/a forjas en tu mente las cadenas que te atan y las miserias que te agobian. A partir de ahora pondrás atención verdadera a lo que piensas a cada momento y a lo que sientes al respecto en cada situación. En nuestros cursos y talleres nos enfocamos muchísimo en entrenar esto a fondo con técnicas profesionales. Literalmente no tienes excusas para avanzar. Esta ley la encontramos también descrita en el ya citado libro Conversaciones con Dios:

“Cuando te sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos, pensamientos que nieguen tu más alta idea de ti mismo, piensa otra vez. Hazlo literalmente. Si piensas que estás abatido, hecho polvo, y que de ahí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que el mundo es un lugar malo, lleno de acontecimientos negativos, piensa otra vez. Si piensas que tu vida se rompe a pedazos, y que parece que nunca la podrás recomponer, piensa otra vez. Puedes entrenar en hacer esto.”

Es importante que lo hagas todos los días. Que ENTRENES en hacer esto, en cambiar el foco, la CONCENTRACIÓN, de tus pensamientos cada vez que detectes que no te sirven. Desarrollar un nuevo hábito toma aproximadamente 21 días seguidos de práctica constante y disciplinada, así que hay bastante por hacer. La diferencia entre los ganadores y los perdedores en la vida no está en los problemas sino en las respuestas a los problemas. Todo el mundo tiene problemas, y en general muchos y muy serios. El asunto está en cómo los enfrentamos. En mi caso, como promotor del desarrollo personal, las personas se me acercan mucho a pedir ayuda y consejo, y no deja de sorprenderme la variedad y magnitud de problemas que todo el mundo enfrenta. Las personas creen que las cosas les pasan solo a ellas, pero la realidad es que todo el mundo tiene cosas que enfrentar y situaciones complejas que resolver.

Crecemos en la medida en que hacemos frente a los retos. Es solo a partir de la semilla del desastre que crece el Yo. Es la adversidad la que forja el carácter y la que nos hace crecer. Es atravesar la zona de pánico la que nos transforma y permite desarrollar nuevas habilidades y herramientas. Hay una antigua historia que muestra esto con gran claridad:

Érase una vez un campesino que se encontró con Dios y le dijo: “Quizás tú hayas creado el Universo, pero no tienes idea de agricultura; no sabes cómo labrar los campos ni hacer que la cosecha sea fuerte y suficiente para alimentar a toda la población. Si me permitieras que yo mandara sobre la Naturaleza haría que los cultivos rindieran mejor y acabaría con la hambruna”.

Dios, sin oponer resistencia alguna, decidió concederle un año al campesino y la plena toma de decisiones sobre la naturaleza. El campesino empezó a pedir que todas las cosas que sucedieran fueran buenas: cuando pedía lluvias ligeras, así ocurría y cuando necesitaba un sol esplendoroso, éste brillaba radiante. Todo era positivo y el campesino estaba satisfecho al ver su gran obra: el grano había crecido alto y tendrían alimento para todo el año.

Al reencontrarse con Dios, el campesino vaciló orgulloso de lo que había conseguido. Entonces, Dios le dijo que mirara el grano. Cuando éste lo hizo, se llevó una gran sorpresa: ¡estaba vacío! Atónito, se preguntaba qué podía haber pasado, a lo que Dios le respondió: “Nunca pediste que hubiera tormentas, necesarias para ahuyentar a las aves que destrozan los campos, ni tampoco fuertes lluvias, imprescindibles para limpiar la siembra. Sólo pediste cosas buenas y nunca desafiaste a la Naturaleza. Tu grano jamás tuvo que resistir tempestades ni fuertes vientos, sólo creció en un entorno ideal. Evitaste todas las cosas malas y has hecho que tu grano sea inservible y débil.”

Todos somos, en cierta medida, como el trigo del campesino. Si no enfrentamos retos no avanzamos, no crecemos. Dale a un/a niño/a pequeño/a todo en mano y de grande no será capaz de hacer nada por sí mismo/a. Cría a un bebé en una habitación de cuarentena hasta que sea grande y fuerte, y una vez lo saques al mundo morirá de una gripe, porque su sistema inmunológico no luchó jamás contra ninguna enfermedad y por tanto es débil. Incluso no valorarás lo que te resulte fácil, será insignificante para ti, carecerá de valor.

Es, por ejemplo, simple para ti leer, sabes hacerlo. No tiene mucho valor. Sin embargo, es una habilidad sorprendente que te permite crecer como no tienes idea. Es fácil para ti escribir, pensar, hacer tareas cotidianas, crear. Pero todas esas cosas las desestimas porque son “comunes” y por tanto “carentes de valor”. He conocido a muchas personas que no saben leer ni escribir, y es una de las mayores limitantes que pueden existir en la actualidad. Para cruzar esa línea imaginaria que es tu zona de confort, primero que nada, debes saber lo que quieres, o caerás víctima de la Segunda Ley. Luego es importante que agradezcas cada adversidad que has vivido y las que aún tienes por resolver porque estas son las tormentas y el viento que te harán trigo fuerte, que te harán prosperar y crecer. Comienza por ir resolviendo pequeños retos y luego ve avanzando poco a poco, aprendiendo, equivocándote y volviendo a intentar hasta que resuelvas lo que más puedas de tus problemas. Si asumes plena responsabilidad por todo lo que te sucede entonces tendrás una mayor sensación de control ya que eres tú quién ha creado o generado cada situación. Mientras deposites la responsabilidad afuera serás siempre víctima, un barco a la deriva sin vela, impulsado por el cambiante viento. Pero ten en cuenta algo que el filósofo de negocios Jim Rohn solía decir:

“El mismo viento sopla para todos.”

Responsabilidad y libertad van siempre de la mano. Cuando uno/a es totalmente libre de hacer lo que quiera es a la vez y en la misma proporción responsable por todo lo que hace. Libertad no es hacer todo lo que se quiera sin más, libertad es asumir la responsabilidad por cada acto y cada decisión tomada a lo largo de la vida. Esto es lo que da plenitud, una de las mejores sensaciones que puedes sentir, y como todo es energía y por tanto no existe la materia ni lo físico, sino que todo está en constante vibración, las emociones positivas son las que vibran más alto, con mayor frecuencia, y las emociones negativas son las que vibran más bajo, con menor frecuencia. Tus pensamientos son vibraciones y por tanto se propagan a tu cuerpo y a tu exterior. Tú puedes sentir las vibraciones de otras personas y ellas de ti. Así tú eres afectado/a por los demás y a la vez les afectas a ellos. ¿Cómo impactaría la plenitud en tu vida?

Las emociones con mayor vibración en la escala de Hawkins son el Amor y la Alegría. Más allá de ellos está el estado de Paz y finalmente el de Iluminación, que serían los estados más altos a los que aspirar como seres humanos. Sin embargo, como personas comunes que estamos en constante desarrollo y crecimiento tenemos que empezar a obrar con las herramientas que tenemos para avanzar y subir en la escala. Así pues, empezar por el Amor Propio y por las cosas que nos dan Alegría son buenas ideas para comenzar a aplicar la Ley de Atracción en nuestra vida de forma positiva e ir superando nuestras limitaciones.

El camino de la iluminación y la paz no se encuentra asumiendo autoridad sobre otras mentes, sino ejerciendo una autoridad legítima sobre nuestra propia mente y llevándonos a nosotros mismos a recorrer caminos de inquebrantable y noble virtud. Así pues, comenzar a eliminar emociones negativas y cambiarlas por positivas generará un crecimiento tan grande en tu vida que no podrás dar crédito al nuevo mundo que te rodeará. No podrás hacer esto en tanto justifiques los motivos por los cuales sientes tal o cual emoción negativa. Mientras des una razón para lo que haces o sientes entonces no podrás salirte de ello, seguirás sin ser responsable. Asimismo, mientras te identifiques con ello, mientras lo sientas como personal, estarás alimentando aún más el fuego de la negatividad. ¿Cómo cambiar esto? En primer lugar, elimina el juicio de tu discurso. Sí. Deja de ir por ahí juzgando a los demás y a las cosas. Dice la Biblia:

“No juzgues y no serás juzgado, no condenes y no serás condenado, perdona y serás perdonado”.

Y aquí lo cito en un contexto filosófico, no religioso. No aplicarás esto para evitar ir al infierno o para evitar el juicio final ya que, desde mi perspectiva nada de eso existe en las formas en que se suelen imaginar las personas; en lo que a este material respecta, las cuestiones más allá de la muerte no están en discusión, cada quién es libre de verlas a su modo, así que aplicarás esto para tener buenos frutos y buenos resultados en el AQUÍ y AHORA. El juicio negativo suele envenenarte. En psicología se dice que en general las cosas que más nos molestan en los demás son cosas que en realidad nos molestan de nosotros/as mismos/as. Proyectamos. Vemos un espejo y lo juzgamos como externo cuando en realidad es interno, y el juicio que emitimos no es otro que el de nosotros/as mismos/as. Lo que dices de los demás habla más de ti que de las personas a las que criticas.

Cada vez que emites un juicio de alguien sientes una emoción relacionada al juicio. Si el juicio es negativo entonces sentirás una emoción negativa. Si el juicio es positivo entonces sentirás una emoción positiva. Asimismo, es mejor no juzgar ni siquiera en positivo, volverse neutral. Eso comenzará a cambiar tu vida. Hasta verás que las personas se te acercan porque saben que a pesar de sus errores tú no les juzgarás, sino quizá hasta les ayudarás. Incluso se abrirán contigo y te volverás líder, porque podrás guiarles, comprenderles y ayudarles a comprenderse a sí mismas. Es, por ejemplo, una premisa básica de todo psicólogo: No se puede esperar que si alguien visita a un terapeuta se abra con él si este último lo juzga por las cosas que hace o no hace. Neale Donald Walsch, en Conversaciones con Dios, expone lo siguiente:

“No juzgues pues, el camino kármico que recorre otra persona. No envidies su éxito, no compadezcas su fracaso, puesto que no sabes qué es éxito y qué fracaso en los cálculos del alma. (…) Has de evitar las etiquetas y los juicios hagas lo que hagas. Para cada circunstancia hay un don, y en cada experiencia se oculta un tesoro.”

Esto no es un mandato religioso ni mucho menos. Es un estilo de vida que solo puede aportarte positividad, crecimiento y potenciación. El juicio que hacemos de algo siempre se basa en nuestras creencias y valores, por tanto, lo que tú juzgues como bueno o malo otra persona no lo juzgará igual, y por ende en definitiva jamás se sabe qué es bueno y qué es malo. Simplemente evita el juicio porque este te arrastra a la negatividad y a las vibraciones bajas. Las personas que se reúnen a hablar de los demás a sus expensas sencillamente se están haciendo daño a sí mismas y están manifestando su propia carencia de autoestima. De otro modo no necesitarían disminuir a otros para elevarse ellas mismas.

Si logras mantener la distancia y dejar de sentir las cosas como personales podrás incluso encontrar soluciones a problemas que hoy día te agobian, te ofuscan. Deja el reproche y todo empezará a cambiar. En psicología se dice que el estrés viene de adentro, no de afuera. Y esto es muy fácil de explicar: si pones a dos personas en la misma situación quizá una se estrese, reproche y se enoje, y la otra permanezca impasible. Imagínate por ejemplo que estás en un atasco de tránsito y vas apurado/a al trabajo. Puedes enojarte todo lo que quieras que el atasco no se apresurará, seguirá avanzando a su ritmo. También puedes poner música que te guste en tu auto y escuchar tranquilamente mientras avanzas, total no tienes nada más que hacer ahora que esperar. Verás en tu día a día cientos de situaciones donde unas personas se ofuscan y se enojan y otras lo pasan con tranquilidad. Por tanto, las situaciones estresantes en sí mismas no existen, son las personas las estresadas. Claro, en una situación de peligro de vida (como un incendio, por ejemplo) es comprensible el estrés porque se activarán todos los mecanismos físicos y mentales de tu ser para intentar sobrevivir. Esa es una situación con peligro real de muerte. Aquí estamos hablando de situaciones cotidianas dónde no existe peligro real, solo imaginario, y por tanto el estrés y la tensión nerviosa no tienen razón real de ser.

La Décima Ley – Ley de la Sustitución resulta ser clave en este proceso. Aplícala cambiando el pensamiento de reproche, el pensamiento de enojo, por otro más constructivo y positivo. Esto es sencillo y a la vez difícil. Puedes, si lo prefieres, utilizar esta afirmación: “Soy responsable, soy responsable”. Incluso si lo dices en voz alta funciona mejor. Con esto no solo cortarás el flujo de energía negativa, sino que también bajarás tu ansiedad y comenzarás a sentirte mejor y con más control de la situación. No apurarás el embotellamiento, por seguir con el ejemplo anterior, pero te calmarás y asumirás tu responsabilidad. Quizá podrías haber salido antes de casa y evitar dicho atasco, quizá podrías tomar otro camino. Quizá no evitarás el embotellamiento, pero saliendo antes llegarías a tiempo aún a tu trabajo. Hacerte responsable te abre un abanico de opciones que de otro modo estaría cerrado.

>> Mira aquí la onceava ley ahora para continuar este tema tan importante.

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