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“La capacidad de perdonar es el principal determinante de éxito en la vida. Es liberación y libertad.”

Uno de los indicios más poderosos de que una mentalidad es sana es la capacidad de perdonar las ofensas de otros/as, ya que, en principio, lo que percibimos como ofensa es un juicio nuestro, algo que atentó contra nuestras expectativas, valores y/o creencias. Aunque parezca paradójico el perdón es un acto egoísta. El perdón tiene que ver contigo mismo/a, no con la persona perdonada. El perdón es liberarte del rencor, de la ira, del odio, de todas las emociones negativas en la escala de Hawkins. Una película que ilustra de maravilla esta ley es La cabaña (The Shack en inglés), que seguramente moverá varias de tus fibras más íntimas. Para perdonar a alguien ni siquiera es necesario que se lo digas, sencillamente te liberas de los sentimientos y los dejas ir. No perdonar es tender al reproche, al resentimiento, a culpabilizar a otros/as por tu desdicha. Por supuesto, quizá alguien ha hecho algo que te ha causado mucho daño, daño incluso físico, pobreza, dificultades de todo tipo. Pues bien, perdónale, libérate, déjate de arrastrar una mochila de porquería sobre tu espalda y comienza a andar liviano/a. El perdón libera.

En muchos casos, para lograr esto se necesita terapia. A veces el resentimiento es tan poderoso que no se puede con la simple voluntad liberarse. Imagínate que un tipo violó a la hija de alguien. Ese acto en sí mismo es atroz. Marca la vida de esa niña y de su familia para siempre. ¿Cómo le perdonarías? Sencillamente parece imposible. Sin embargo, por el camino correcto, con una terapia adecuada de todos los implicados, se puede alcanzar e incluso se puede lograr que la víctima principal tenga una vida plena. La enfermedad está siempre ligada a quedarse apegado/a a ese suceso nefasto, al rencor y al dolor, reviviéndolo y perpetuándolo una y otra vez. Estos casos son extremos, lo sé, pero son reales y no faltará quién pregunte. El abuso sexual infantil es super común. La mayor parte de personas (varones y mujeres) en mi consulta lo han sufrido de una u otra forma; incluso mi pareja lidia con ello a diario al ejercer su profesión de Trabajo Social. Estos casos llevarán más tiempo que perdonar a una ex pareja que nos fue infiel, pero todo se puede lograr. Perdonar es tirar la basura, es limpiarse, es soltar.

Esencialmente para avanzar en la vida debemos, primero que nada, perdonar a nuestros padres. Esto es algo que se ve continuamente en terapia: el resentimiento y enojo que tenemos con nuestros progenitores. En el libro Aprender a amar, de Osho, el pensador expresa lo siguiente en relación a este asunto:

“Te sorprenderás al ver que, si te liberas de tus padres en lo más profundo de tu ser, serás libre. Por primera vez sentirás compasión por tus padres, de lo contrario no podrás; seguirás estando resentido. (…) Si quieres convertirte en un ser humano y no en una máquina, libérate de tus padres.”

Y este proceso es arduo, porque nuestros padres están presentes en todo lo que hacemos. ¿Cómo discutimos con nuestras parejas? ¿Cómo reñimos a nuestros/as hijos/as? ¿Qué pensamos del mundo? ¿Qué creemos religiosamente? ¿Acaso no te has visto nunca diciéndole a tu pareja o a tus hijos/as lo mismo que tus padres te decían a ti? Así que si quieres liberar cadenas empieza por el perdón, y más que nada por perdonar a tus padres por todos sus errores. Repito, que en la mayoría de las circunstancias se necesita terapia para lograr esto. Contáctame o contacta a un psicólogo o terapeuta de confianza, pero tienes que avanzar, tienes que reconocer ese dolor que tienes ahí, esa ira atragantada, para poder liberarte de ella. No tienes que hacerlo todo solo/a, hay cosas en las que se necesita ayuda. Los procesos de coaching y terapia cognitivo-conductual que desarrollamos en KA EduSoft son sumamente intensivos y duran pocas sesiones, tenlo en cuenta para decidir, pero sea lo que sea que elijas, avanza, no te estanques. Vence el miedo que tienes hacia ti mismo/a, a tu propio mundo interior, y así lograrás progresar.

Perdona a todos y cada uno de aquellos que te hayan hecho algún tipo de daño. Ve perdonando de a uno en uno. Di en voz alta “Fulano, yo te perdono por lo que hiciste o no hiciste”, “Mengana, yo te perdono”. Verás que solo al pronunciar las palabras irás sintiendo placer, paz. Pero no bastará con que lo digas una sola vez. Tendrás que repetirlo mil veces antes de que tome efecto real. El resentimiento es muy difícil de desechar. Te darás cuenta de cuáles personas te han marcado más porque ni siquiera podrás decir la frase, no podrás enunciar su nombre seguido de un “te perdono”. En estos casos esfuérzate. Esto es para ti, no para la persona. El que es perdonado ni se enterará y, de hecho, puede ni afectarle que tú le odies o le perdones. Esto se trata de ti y solo de ti. El perdón es un acto egoísta. Te libera a ti. En ocasiones sirve para liberar la culpa al perdonado, pero ese ya es otro asunto. Finalmente hay alguien muy importante a quién debes perdonar sí o sí: a ti mismo/a. Perdónate a ti mismo/a por todos tus errores. Si es necesario deberás pedir disculpas de corazón a quienes hayas ofendido. Esta petición debe ser sincera, y no importará en absoluto si tu interlocutor lo acepta o no. Tú debes ser humilde y pedir perdón de corazón, mostrar tu arrepentimiento y luego marchar con la frente en alto. Si el/la otro/a no puede aceptarlo significa que el rencor domina su vida, y esa ya es una carga que no te corresponde.

Tal como cita la Biblia:

“El que se humilla será enaltecido y el que se enaltece será humillado.”

En este contexto, humillarse es pedir perdón, no refiriéndose a hacer el ridículo frente a otros, sino a apartar el ego y ser capaz de ofrecer la humildad al otro. Esto forjará tu carácter, te enseñará humildad y te dará grandeza. Si el/la otro/a no te perdona ya es asunto de él o ella, recuerda nuevamente que el perdón es un acto egoísta.

Perdona a tus amigos, a tus ex parejas, a tus jefes, a los negocios fallidos, a tus vecinos, a tus padres, a todo el mundo. Incluso a ti mismo/a. Quítate las mochilas y verás cómo tu espalda se libera, se vuelve liviana. Se aflojarán tus hombros y podrás caminar erguido/a, con paso firme hacia una vida mejor.

>> Mira aquí la doceava ley ahora para continuar este tema tan importante.

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