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Las expectativas no son deseos, sino justamente lo que esperas que ocurra, eso de lo que sientes cierta certeza. Digámoslo así: si hay 10 números de lotería y tú compras 9, tendrás altísimas expectativas de ganar porque tienes un 90% de probabilidad de hacerlo contra un 10% de perder. Incluso hasta podrías apostar mucho dinero ya que es casi seguro que ganarás. En ese aspecto expectativas y deseos están en sintonía.

Ahora veamos el caso contrario: juegas a la lotería de tu país, y por tanto sabes que la posibilidad de ganar es ínfima, o sea, es casi imposible ganar. Por tanto tienes el deseo pero no la expectativa, porque realmente no esperas ganar, esperas perder. No te sorprenderá si tu número no sale en el sorteo, pero será un milagro que sí lo haga.

Pues bien, llevemos esto a ámbitos cotidianos donde no hay sorteos ni apuestas, pero sí hay constantes dificultades y retos a diario, cuentas que pagar, responsabilidades que atender y cosas por resolver. En todos estos ámbitos tú tienes deseos: más dinero, una pareja ideal, una casa más linda, la posibilidad de viajar, una mejor salud, tener más belleza, y cualquier cosa que se te ocurra que puedas querer. Sin embargo, en la mayoría de los casos tus deseos no están alineados a tus expectativas. Veámoslo con simples preguntas:

  • Deseas prosperar económicamente pero… ¿esperas que de verdad ocurra?
  • Deseas una vida más plena pero… ¿crees que es posible para ti?
  • Deseas no tener tantos problemas pero… ¿será que nunca se acaban?

Y así podemos ver esto para un sinfín de ámbitos. Inclusive y más importante aún: ¿Qué expectativas tienes respecto a tus capacidades y habilidades? ¿Crees que eres capaz de mejorar tu situación? ¿Sientes que eres capaz de ser, hacer y tener más en la vida? ¿O será que esto es todo lo que hay para ti? Esto además es extrapolable a lo que esperas de otras personas: ¿qué esperas de tu familia? ¿de tu pareja? ¿de tus hijos? ¿de tus colegas? ¿de tus amigos?

Pues resulta que la Quinta Ley, Ley de las Expectativas, dice lo siguiente:

“Lo que esperas es lo que obtendrás.”

Si bien esto no es algo matemático, resulta que tus expectativas en cualquier ámbito determinan tu comportamiento y tu accionar, y es por este motivo que tienden a hacerse realidad, estén o no estén alineadas con tus deseos. Las más importantes son las expectativas que tienes sobre ti mismo/a y sobre las demás personas, ya que estas aplican lo que se conoce como Efecto Pigmalión. Veamos un poquito qué es esto.

En psicología y pedagogía el Efecto Pigmalión se define como la influencia potencial que las creencias de los demás pueden tener sobre nuestra realidad o rendimiento. Dicho de forma más clara: lo que los demás tienden a esperar de nosotros es lo que tendemos a lograr. Lo que nosotros esperamos de los demás es lo que ellos tienden a lograr. Esto se ve más potenciado aún cuando es una figura de autoridad la que ejerce expectativas sobre alguien, como por ejemplo:

  • Las expectativas de un docente sobre sus estudiantes influye directamente en el desempeño de éstos, sin que el docente diga nada explícitamente.
  • Las expectativas de un jefe sobre sus subordinados influye directamente en el desempeño de éstos.
  • Las expectativas de padres/madres/tutores sobre sus hijos influye directamente en lo que éstos sean capaces de lograr.

Y así podríamos continuar. Todo esto además crea las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos y así aplicamos este efecto psicológico en nuestra propia personalidad.

Cuando el Efecto Pigmalión resulta negativo, dado que no esperamos mucho de los demás, o los demás no esperan mucho de nosotros, más aún cuando alguien de autoridad no espera mucho sobre las personas que están por debajo jerárquicamente hablando, este efecto pasa a llamarse Efecto Golem, porque literalmente aplasta el potencial de los demás o de nosotros mismos y limita nuestra autoestima y capacidades.

Las bajas expectativas respecto al futuro en la vida están causadas pues por bajas expectativas respecto a las propias capacidades, y por tanto están ligadas a aplicar un Efecto Golem sobre ti mismo/a sin siquiera darte cuenta. Puede además estar alimentado por bajas expectativas de otras personas hacia ti, lo cual retroalimenta el proceso.

Así que es importante que empieces a distinguir estas cosas, porque de otro modo no avanzarás. También es importante que analices tus expectativas respecto de las personas que tienes a cargo (estudiantes, hijos, subordinados,  etc.). Recuerda que esta quinta ley tiene cuatro leyes previas que deberías leer y conocer a fondo: la Ley del Control, la Ley del Azar, la Ley de Causa y Efecto y la Ley de la Creencia. Todas estas leyes están ordenadas de forma progresiva para que las vayas comprendiendo en orden. Pero de nada sirve que solo leas, tienes que tomar acciones concretas para aplicar todo esto en tu vida o nada cambiará.

>> Continúa aquí para ir a la Sexta Ley.

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