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Las primeras metas importantes que te has fijado en la vida las adquiriste antes de darte cuenta de que estaban allí y antes de entender por qué debías cumplirlas. Terminar la escuela es la principal y más importante en la infancia, además de cosas como “ser buen/a niño/a”. Enseguida que cumples esa meta aparece la segunda: terminar la secundaria; y pobre de ti si no terminaste la escuela, porque la etiqueta de idiota y fracasado/a te perseguirá para siempre, como si fueses una especie de infrahumano/a. Ya no cumplir con la segunda meta no es tan grave pero tiene sus consecuencias a nivel social, por supuesto. Si lo logras aparecerá la tercera meta: terminar la universidad.

Pero hay más metas implícitas que debes cumplir en tu vida: para empezar debes ser buen/a ciudadano/a, aportar a la sociedad, pagar tus impuestos y ser buen vecino. Deberías tener tu propia casa lo antes posible, formar una pareja con un hijo o dos y tener un perro. Si logras adquirir tu propio automóvil tanto mejor, y cuantas más de estas cosas logres antes de los 30 más competente serás. Y pobre de ti que rondes los 25 años de edad y aún sigas en casa de tus padres.

Toco estos temas porque de forma inconsciente vas por la vida intentando cumplir metas que no elegiste, que fueron impuestas casi sin que nadie te diga nada. Es común decirle a alguien que debe “sentar cabeza”, haciendo alusión a que debería establecerse con una pareja y “formar una familia”, como si el hecho de elegir otro estilo de vida estuviera mal o fuera en contra de tu naturaleza como ser humano. Esto es aún más agudo si tu identidad de género no es la “ilustre” heterosexualidad, o si tu visión sobre cómo ganarte la vida es diferente a la del resto, o si tus aspiraciones no cuadran para nada con el statu quo.

¿A qué viene todo esto? Pues que la Segunda Ley, la Ley del Azar, habla justamente de la fijación de metas en la vida. Su enunciado es muy simple, pero es muy profundo:

“Al no planificar, estás planificando el fallo”.

Además, al ser un corolario directo de la primera ley, la Ley del Control, implica que estar a merced de la Ley del Azar es estar a merced de un Locus de Control Externo. Es, pues, tan nefasto no tener un rumbo fijo hacia el cual apuntar, como el tener metas implícitas que no sabes ni por qué elegiste. Al final de cuentas, seguir lo que se te ha impuesto no implica que quieras esas cosas, solo implica que quieres encajar y ser aceptado/a, como cualquier ser humano anhela. Por tanto, lograr esas cosas no te dará satisfacción porque para el resto del mundo no estás más que “cumpliendo con tu responsabilidad”, y nadie te dará mérito por ello.

En la Primera Ley queda muy en claro que para comenzar a forjar un Locus de Control Interno y así comenzar a tomar las riendas de tu vida debes comenzar por conocerte y controlarte a ti mismo/a, tomar un camino de introspección profunda. ¿Por qué? Porque si tú te estableces metas y objetivos sin entender realmente qué es lo que buscas, conseguir el éxito en alcanzarlos no te brindará nada, seguirás a la deriva, e incluso te sentirás peor, porque al lograr tus metas “deberías sentirte feliz” pero esa felicidad no llega. La serie animada BoJack Horseman ejemplifica estas cosas muy bien, cuando el personaje protagónico logra conseguir sus sueños más anhelados y al final solo se siente peor consigo mismo, nada le satisface, hasta siente que no merece esas cosas, y en consecuencia autoboicotea sus sueños.

Por tanto resulta imprescindible que en tu camino de superación logres entender qué es lo que buscas y por qué lo buscas. Si el título universitario que persigues es para que tu papá se sienta orgulloso, o el aumento de sueldo que quieres es para que tu familia reconozca tu labor como proveedor/a, o “la salud” física que anhelas busca en el fondo destacar estéticamente para sentirte atractivo/a y poco tiene que ver con salud realmente… si no hay alineación entre tus objetivos y lo que buscan satisfacer no lograrás nada. Seguirás estando bajo la Ley del Azar pero creyendo que tienes metas, yendo como barco a la deriva en un océano que poco tiene que para ti, pero con la ilusión de que vas hacia algún puerto.

Teniendo todo esto en cuenta es importante comenzar a determinar cuáles son tus objetivos y metas a corto y largo plazo. Haz una lista por escrito, tan extensa como puedas, y para cada uno de esos objetivos responde POR QUÉ ES ESO IMPORTANTE, POR QUÉ QUIERES ALCANZARLO, QUÉ TE DARÁ QUE NO TIENES HOY y, sobre todo responde, PARA QUÉ. Repite este proceso para estas mismas respuestas respondiendo para qué. Veamos un simple ejemplo, suponiendo que tenemos a Ana que quiere tener un título universitario:

  • ¿Para qué quiero un título universitario? Para trabajar en lo que me gusta y tener un buen nivel de vida.
  • ¿Para qué tener un buen nivel de vida? Para estar tranquila y saber que no me faltará nada mientras a la vez puedo darme algunos gustos.
  • ¿Para qué quieres estar tranquila y saber que no te faltará nada? Para no pasar lo mismo que pasaron mis padres.

Esto podría continuar, aún más y más. Cada vez que preguntas para qué avanzas hacia un nivel más profundo en tu psique. En este ejemplo vemos que comenzamos por el título universitario como objetivo y terminamos descubriendo que el objetivo real es evitar la carencia vivida en la infancia. Esto podría ser aún más complejo ya que Ana podría además sentirse un peso para sus padres, o podría haber desarrollado rencor hacia ellos. Por tanto la búsqueda del título universitario, aunque bien intencionada, no satisfará la necesidad real: sanar la relación con sus padres y la relación con el dinero. Este tipo de experiencias hacen que uno vincule al dinero con la desdicha, y por tanto lo despreciará, generando aún más desdicha a causa de él.

Por esto es que recalco una y otra vez la importancia de hacer este proceso con un terapeuta de confianza. Es importante reconocer los objetivos reales que se disfrazan como otras cosas, porque así podrás avanzar en tu viaje hacia lo que realmente te aportará felicidad, y no hacia metas efímeras que no son más que meros espejismos: al alcanzarlas verás que no había nada allí. Osho ejemplifica esto diciendo que es como subir una escalera, más y más, hasta que llegas al último escalón solo para encontrar un abismo ante ti, un vacío enorme.

Es, por tanto, importante recordar que la Ley del Azar es un corolario de la Ley del Control, y por tanto es esta última la que contiene el mecanismo para hallar tu verdad: lo único sobre lo que puedes aspirar a tener control en el universo eres tú, y por tanto toda tu energía y esfuerzos han de estar dedicados a ti, a trabajar en ti y a reconocer tu verdad, a verte como nadie jamás te ha visto.

>> Continúa la lectura con la Tercer Ley: Ley de Causa y Efecto

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